El Cielo, la Tierra y el Mar

Qué gusto. Me encanta pasear por esas playas desiertas y despejadas. No hay gente, ni sombrillas, ni grandes torres de apartamentos. Lo único que hay que hacer es caminar, cerrar los ojos y respirar muy muy hondo.



Un amigo de la costa me decía un día que viviendo en Madrid echaba de menos sus conversaciones con el mar. Yo nunca hice eso, nunca hablé con el mar. Pero sí que mantuve mi mirada fija en el horizonte hasta que se nublaba y mi mente se iba a otra parte. Porque sí es cierto que el mar tiene ese magnetismo hipnótico que te atrapa. Tan distinto y parecido al del fuego.

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