Cañada Real

Un centro para recuperar a los "irrecuperables"

Cañada Real se dedica a cuidar a cientos de animales heridos por los atropellos o los disparos de los furtivos.

Por América Valenzuela
Fotografía: Rai Robledo

Nico volaba por los cielos de Ávila cuando el disparo de un cazador le alcanzó un ala. Se desplomó desde las alturas, dolorido y desorientado. Nico, un buitre leonado de 37 años, nunca más podrá volar. Es lo que los expertos llaman un "irrecuperable". Aunque tuvo suerte; alguien lo recogió y fue a parar al Centro de Naturaleza Cañada Real , en Madrid, que acoge a animales como él, condenados a morir si permanecen en estado salvaje.


"Es como si te quitan el bíceps", explica Pepe España, biólogo conservador del centro. "Ya no puedes mover el brazo o, en su caso, el ala". El buitre leonado mutilado vive allí ahora junto a dos compañeros más, que están en su misma situación. "La mayoría de los animales llegan heridos por atropellos, disparos furtivos, golpes contra los tendidos eléctricos o molinos de viento", añade.



La Cañada es un centro de primeros auxilios. Allí curan las heridas y ofrecen cobijo y cuidados a los animales. "Suelen llegar al centro a través de particulares o del SEPRONA (Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil)", explica el director del complejo, Emilio Sánchez. Luego, la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid decide su destino.

Los animales son repartidos entre las más de tres decenas de centros de grupos conservacionistas que, junto a Cañada Real, están agrupados en la Asociación Ibérica de Zoos y Acuarios (AIZA). En este centro viven unos 300 animales de unas 38 especies -todos fauna ibérica-, repartidos en unas 15 hectáreas de bosque de robles y encinas. "Aquí todos los animales tienen nombre propio", comenta Sánchez con orgullo.


El centro, que se financia con el dinero de las entradas de los visitantes y una subvención de la Comunidad de Madrid, nació en la década de los 80 con un espíritu diferente al actual. Se abrió con el objetivo de reintroducir ejemplares de cabra hispánica en la Sierra de Guadarrama, extinguida desde hacía décadas.

Las cabras, traídas de la Sierra de Gredos, hacían una parada en las instalaciones para aclimatarse a su nuevo hogar. Cuando la cabra montesa se reintrodujo en la sierra madrileña, el centro se convirtió en un lugar dedicado a la educación medioambiental. Ahora, recibe a unos 52.000 escolares cada año.


Con el vuelo cortado

A esta águila culebrera (imagen) le falta un dedo de la pata y un trozo de ala. Chocó contra un tendido eléctrico y se electrocutó. Es un caso entre decenas de miles que mueren al año en España por este motivo, según Ecologistas en Acción.

Las rapaces abundan en La Cañada Real. Todas son especie protegida en España y muchas de ellas han sido cedidas por GREFA, otro grupo de rehabilitación de fauna autóctona, éste especializado en rapaces. El aguilucho cenizo del centro es el único de su familia que sobrevivió a una matanza. Esta rapaz suele anidar en los campos de cereales. Cuando llega la época de recolección, las máquinas cosechadoras rebanan los nidos dispuestos en su camino.

Los cernícalos que le acompañan fueron confiscados a particulares por la Guardia Civil. Es habitual -e ilegal- recoger pollos de los nidos para criarlos. La misma práctica que ha convertido en irrecuperable a Paty, una gaviota de patas amarillas que ¡responde al nombre! y se comporta como un perro. Las tres cigüeñas que viven con ella no pueden volar. Una sufrió el disparo de un cazador, otra se golpeó contra un tendido eléctrico y la tercera se cayó del nido. Cada diciembre ven llegar a sus congéneres desde África para afincarse en los nidos que abandonaron en verano.


De huérfanos y falsos huérfanos

“Es común que la gente vea un cervatillo, solo, entre los matorrales, lo recoja, con toda su buena intención, y se lo lleve a su casa para cuidarlo o dejarlo en un refugio como el nuestro”, explica el director de La Cañada Real, Emilio Sánchez. Todo un error. “Lo más probable es que la madre esté muy cerca viendo cómo se llevan a su cría”. Así que, en el centro hay más de un ‘bambi’ irrecuperable porque alguien pensó que era huérfano.

No obstante, los huérfanos reales sí abundan en los bosques. Lo son la mayoría de los jabalíes del refugio. Sus madres fueron abatidas por los disparos de cazadores. El mismo motivo dejó sin madre a la zorra común del centro, Duna. Una familia de Salamanca la encontró sola en el bosque y decidió criarla en casa. “Cuando se dieron cuenta de que tener un zorro no era como tener un perro la trajeron al refugio. Los zorros emanan fuertes olores con los que marcan su territorio”, señala.


El lobo ibérico, la estrella aulladora

“Si aúllas, ellos aullarán contigo”, comenta Pepe el biólogo conservador del centro. Entonces, un grupo de colegiales de visita inicia el concierto: “Auuuuu”. Unos segundos más tarde, los imponentes cánidos toman la nota y continúan la serenata. Los cinco integrantes de la manada han nacido en cautividad. Son descendientes de los que donó el naturalista Félix Rodríguez de la Fuente hace ya cuatro décadas, viejo amigo del fundador del centro, el fallecido José María Blanc.


Son, sin duda, las estrellas del refugio. Y mucho más ahora que la actual pareja dominante ha procreado y desde junio hay tres lobeznos en las instalaciones. Son suaves, juguetones y fuertes. Cuando el biólogo entra en su recinto, el trío se lanza encima de él, le mordisquea la ropa, salta y le empuja hasta que le acorralan a lametazos.

Hoy el lobo ibérico no está en peligro de extinción, pero continúa oprimido por su único depredador, el hombre. “Cada año se cazan los mismos que nacen, unos 2.500”, ilustra España.

Artículo publicado en el diario "Público" el 24 de Noviembre de 2008.

Todas las fotografías publicadas en este blog son propiedad de Rai Robledo